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jueves, 5 de noviembre de 2015

Nuestros programas de TV

Escrito originalmente el 28 de marzo de 2004.






La televisión llegó al pueblo hacia 1966, cuando yo tenía unos 11 años, así que ya no estaba tan niño. Ya comenté en cuales casas acostumbraba meterme para ver si me dejaban verla, aunque tuviera que pagar algo.  Creo que se me olvidó incluir en la lista a la casa de mi tía Tola, dónde obviamente no nos cobraban y a donde especialmente recuerdo que íbamos a veces los domingos en la tarde y veíamos un programa que se llamaba Domingos Herdez.

También mencioné que en la casa de mi tío José Carranza a las muchachas les gustaba ver programas musicales de los artistas del momento, en cuanto a música ranchera había un programa que duró muchos años, el de Noches Tapatías.

La oferta de canales no era muy grande: el canal 2 de la ciudad de México; el 4 y el 6 de Guadalajara; mucho tiempo después entraron el 5 y el 13, también de la ciudad de México. Desde entonces, el canal 2 transmitía programas producidos en el país; algunos de ellos cómicos, varios musicales, partidos de futbol y ya se empezaba a explorar el negocio de las telenovelas.

En las tardes había algunos programas para niños, que ahora nos parecerían bastante enfadosos, por cierto, como el del payaso “Canelita” en el canal 6. Aunque la gente adulta empezaba ya por esas fechas a gustar de las telenovelas; algunas que recuerdo de ese tiempo eran El Derecho de Nacer y María Isabel. 

El Canal seis transmitía principalmente programas gringos, doblados al español. Algunos de los que recuerdo son: Los intocables, Bonanza, El fugitivo, Viaje al fondo del mar; Daktari, Mi marciano favorito, Mi bella genio, El caballo que habla, La isla de Guilligan, Combate, Super Agente 86, La ley del revólver, Bat Masterson. y más tarde Perdidos en el espacio, que realmente echaba andar mi imaginación. Un programa que pasaban el domingo por la noche era el de Disneylandia, muy bonito. Hay un canal de cable actual que se llama Retro, que transmite algunos de estos programas.


El canal 4 transmitía más películas, espectáculos musicales y eventos deportivos. Ya mencioné que había mucha afición en el pueblo por ver la lucha libre; lo mismo sucedía con el futbol. Recuerdo haber visto desde muy chavo partidos del Atlas y del Guadalajara. Por alguna razón me gustó más el estilo de juego del Atlas. Para mí fue un gran acontecimiento el ver la imagen de jugadores y locutores que yo había conocido primeramente a través del radio.

Días de radio

Escrito originalmente el 23 de noviembre de 2003






La radio tuvo una importancia muy fuerte en nuestras vidas cuando éramos niños. La gente tenía entonces una capacidad muy desarrollada para traducir a imágenes lo que escuchaba, por ejemplo en el caso de las novelas.

Cuando era niño, muy poca gente tenía aparatos de radio. Los primeros que fueron llegando al pueblo eran principalmente de los que traían los norteños; algunos de pilas y otros de corriente.  Los radios grandes eran de bulbos, que tardaban un ratito en calentarse y encender.

Según mis recuerdos, el primer radio que nosotros tuvimos fue un radio chiquito, portátil, que a lo mejor nos trajo mi tío Pedro Ornelas de EUA.  No se oía muy fuerte y además teníamos el problema de que lo queríamos oír todos al mismo tiempo.  Mi mamá quería escuchar novelas y mi papá llevárselo al trabajo.

Antes de eso, cuando había algún acontecimiento importante, había que buscar en donde le daban a uno la oportunidad de escuchar el radio. Apenas me acuerdo, por ejemplo de las peleas de un boxeador de Guadalajara que se llamaba José Becerra. Mucha gente buscaba reunirse donde hubiera un radio para escuchar la pelea. Recuerdo alguna ocasión varias personas en casa de mi tía Félix tratando de captar la señal de radio de una pelea (para lograrlo se cambiaba de orientación el aparato hasta encontrar en qué posición se escuchaba mejor). A veces estas peleas las transmitían en vivo, con el horario de donde pelearan nuestros paisanos, así que si peleaban en Korea o Filipinas, probablemente hubiera gente queriendo escuchar la radio en la madrugada.  Yo tenía la idea de que las dificultades para que se escuchara bien la transmisión se debían a la distancia del lugar donde se estaba realizando la pelea.

La gente de nuestro pueblo ha sido ingenua tradicionalmente. Lo comento porque creo que yo ya estaba joven cuando un día ví a una señora muy contenta, diciendo que su hijo había llegado de Tijuana y le había traído un radio que se sabía las mañanitas. Hubo quienes, cuando compraban un radio lo abrían para ver si por dentro había algunos enanitos que serían los que hablaban o cantaban.

La estación de radio que más se escuchaba era seguramente la XEW, de la cual después me di cuenta que las siglas significaban MEX, pero al revés. La programación incluía novelas (“Chucho el Roto” sería una de las más famosas) pero también programas cómicos como “El Risámetro” o “El Cochinito”.

A mi papá después le gustaba escuchar una estación de Monterrey, creo que era la XET que tenía una gran potencia de transmisión; también la “B” grande de México.

En Guadalajara había una cadena de cinco estaciones que les llamaban “Las cinco ondas de la alegría”: una era la XEHL con baladas y música de moda, otra era la XEBA, con pura música ranchera, de la que a mí hasta me avergonzaba que fuera tan popular en San Miguel; había otra de música tropical, “la cotorra” y de las demás no me acuerdo.

De esas cinco estaciones, a los jóvenes nos gustaba más la XEHL, pues tocaban la música popular, pero moderna. Recuerdo el gran gusto que me dio cuando muy niño conocí un edificio que estaba cerca del aeropuerto de Guadalajara, en donde estaba una gran antena desde donde transmitía esta estación.  La gente grande sentía que esa música estaba demasiado alocada y que debíamos de preservar nuestra identidad prefiriendo la música ranchera, como la que transmitían en la XEBA, “Radio Gallito”.

Si la HL les parecía demasiado moderna y ajena a nuestras costumbres, mucho más les parecía el Canal 58, que transmitía solamente canciones en inglés, aunque también transmitía los partidos de béisbol de los Charros de Jalisco. A algunos de mis primos les gustó por un tiempo escuchar una estación que se llamaba la XEZZ y que transmitía únicamente música instrumental; a mí en aquel tiempo no me agradaba mucho, pero es increíble la cantidad de tiempo que he invertido años después para conseguir algunas melodías que estaban de moda entonces y que tocaban en esa estación.

De niño yo desarrollé el gusto de escuchar por radio los partidos de futbol; así que muchas veces me acostaba y me quedaba dormido oyendo los partidos del Atlas o del Guadalajara, también el béisbol, con los partidos de los Charros de Jalisco. A mi papá le parecía bastante ocioso que yo gastara mi tiempo y las pilas escuchando estos partidos, pero poco a poco se fue interesando y llegó un momento en que los papeles se invirtieron y él era quien deseaba escuchar los partidos.

Al escribir esto, estuve recordando muchas de las imágenes que venían a mi mente cuando yo era niño y escuchaba el radio; tal vez muchas de ellas eran muy diferentes de la realidad; por ejemplo, después supe que los personajes de “La tremenda corte” no se parecían en nada a la imagen que yo me hice de ellos, pero ¿importa eso?


Los medios de comunicación en mis tiempos

Escrito originalmente el 13 de febrero de 2011




Se me ocurrió escribir un poco sobre este tema al recordar una buena cantidad de canciones que se escuchaban en mi pueblo y que hablaban de despedidas. Y es que en aquel tiempo las despedidas eran más en serio, pues si alguien se iba lejos tenía pocas posibilidades de estar en comunicación con las personas queridas. Ya he platicado en otras ocasiones que la gente de mi pueblo veía como algo muy natural el tener que irse lejos para buscar mejores horizontes de vida; ahora pienso que eso no es justo y que se debería luchar por tener mejores oportunidades ahí y no tener que emigrar.

Algún día platicaré con más calma y trataré de hacer un listado de las canciones que hablaban de despedidas, por el momento sólo mencionaré cinco que me vienen a la mente. En más de una ocasión me tocó escuchar que en los tocadiscos públicos de San Miguel alguien que se iba a ir, o que su novia iba a dejar el pueblo, mandaba tocar la canción de “El Reloj”, de Roberto Cantoral, esa que dice: “Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer, ella se irá para siempre, cuando amanezca otra vez”…. Todo el pueblo se daba cuenta y de alguna manera se solidarizaba con la pareja. Esa noche los papás de la novia le darían permiso de estar con el novio hasta más tarde.

Otras canciones que recuerdo son dos de Vicente Fernandez: una que dice “…si alguien te pregunta que si a dónde me dirijo, diles que me fui, sin saber siquiera para donde ir”. Muy triste. Otra que hablaba más bien del término de una relación, también de Chente Fernández es la que dice: “Ojalá que te vaya bonito, ojalá que se acaben tus penas”.  Más recientemente, una canción que ponían en mi pueblo quienes se iban a ir a EU era la de Leo Dan, que decía: “Adiós, adiós, mi México lindo, mañana, mañana, me voy…” También ya cuando estábamos entrando en la juventud salió una canción me parece que de Los Solitarios, que decía “Ya se va,  y no volverá, la mujer que yo más quiero, ya se va….”

Y es que una vez lejos del pueblo era difícil mantenerse en comunicación. En el pueblo no había teléfono y había que ir a Poncitlán para hacer una llamada de larga distancia desde la central telefónica, que según recuerdo residía en el negocio de Don Manuel Castellanos, el papá.  Las llamadas por cierto eran bastante caras.

Así que una opción más socorrida era el correo postal, lo que implicaba que pasaran semanas entre que alguien enviaba una carta y obtenía la respuesta. Para situaciones dizque urgentes, existía el telégrafo, pero los telegramas llegaban a Poncitlán y de ahí había que ver si algún mensajero durante el día iba al pueblo a llevar el sobre con la información muy breve que se podía enviar en un telegrama. Lo más común es que el famoso telegrama tardara dos o tres días en llegar a su destinatario.

La correspondencia postal era entonces el medio más utilizado. Todos los días la gente estaba al pendiente de que llegara el tren de las 9:00 que se detenía en el Cambio que está frente a La Constancia y dejaba un saco de lona que contenía las cartas de ese día. Creo que era don Luis Campos, papá de Victorio grande, Ramón, José Luis, Toño, Victorio y Federico el que iba a recoger la correspondencia y la llevaba a la casa de  Felipe Sánchez, que funcionaba como oficina de correo; esa función se le heredó a Abigail, que no sé si todavía tiene esa concesión.

La gente pasaba a preguntar si tenía carta y ahí las recogía si le había llegado algo. Hasta muchos años después se instrumentó que hubiera una persona (creo que Victorio chico) que hacía recorrido por el pueblo para entregar las cartas, a cambio de que la gente le pagara una cierta cantidad por cada sobre.

Incluso el correo funcionaba diferente en aquel tiempo. Recuerdo que era común que quienes recibían dinero de los paisanos que estaban en Estados Unidos dentro del mismo sobre encontraban el cheque o Money Order. Había también algunas cosas que se podían comprar o pagar por correspondencia y la gente metía los billetes dentro de los sobres, y regularmente el dinero no se perdía y la operación podía realizarse.

El teléfono llegó al pueblo primero con un servicio de larga distancia, esto fue hacia 1977. No recuerdo los detalles, pero contó mucho que en ese tiempo conocimos al Lic. Ignacio Zavala, que era el gerente de Teléfonos de México en Ocotlán y fue nuestro profesor en el CECYT. Creo que Manuel Cortés, mi primo, y yo llenamos la documentación necesaria para hacer la solicitud de contar con una caseta telefónica. Por unos diez años o más ésta fue la única opción, hasta que fue posible tener el servicio en cada casa.

Como puede observarse, la comunicación era muy diferente a lo que se ha hecho posible en los últimos 15 años gracias al Internet. Actualmente dos personas que viven a miles de kilómetros pueden mantenerse en comunicación prácticamente sin costo y enviarse fotografías e imágenes casi de tiempo real, parece cosa de fábula y la verdad es que a las personas de ahora les parece lo más normal.